jueves, 15 de diciembre de 2016

Plataforma 2017-2018

Ante las elecciones para el CER
Hace ocho años empezó a funcionar el Consejo de Escuela Resolutivo del Colegio Nacional de Buenos Aires. Este organismo nos dio por primera vez a los graduados voz y voto en los asuntos del Colegio, a través de la elección de dos representantes.
En ese momento se constituyó la Asamblea de Graduados, un espacio de vocación plural con la aspiración de canalizar las inquietudes y los aportes de todos los ex alumnos del CNBA interesados en el funcionamiento del Colegio.
Ante la próxima elección de un rector para el CNBA, esta elección del CER es especialmente relevante. La cuestión no se agota en la elección de una figura: es momento de que la comunidad educativa en su conjunto participe en el diseño de un programa que fije metas claras para el Colegio a lo largo de los próximos diez años.
La Asamblea de Graduados busca ser un engranaje que contribuya a la articulación de los distintos sectores de la comunidad para el diseño de ese programa.
Queremos participar y alentar la participación en una discusión honesta, democrática e informada sobre el futuro del Colegio. En este sentido, nuestros puntos de partida son tres:
Defensa de la educación pública de calidad
El Colegio encarna un ideario que combina la vocación por la excelencia y el compromiso con la igualdad de oportunidades. Si conserva un prestigio que hoy tienen pocas instituciones públicas, es por haber permanecido fiel a estos valores.
El CNBA, con todas sus limitaciones, es la prueba de que una formación de calidad, con vocación democrática e igualitarista, es posible. Por eso preservar y ampliar el legado del Colegio es defender la educación pública.
Sostener la calidad educativa y ampliar el compromiso igualitarista son los pilares fundamentales para cualquier proyecto de CNBA.
Esta tarea es un esfuerzo constante, que requiere del trabajo de la comunidad educativa en su conjunto, y del respaldo de los organismos estatales correspondientes. La jerarquización de la planta docente, la atención a las necesidades de los estudiantes y aspirantes y la preservación del patrimonio del Colegio son lineamientos prioritarios para el futuro cercano.
El CNBA debe aspirar a un cuerpo docente de excelencia y bien remunerado. Es necesario sostener y profundizar la política de concursos acentuando en cada oportunidad la necesidad de que esos procesos se den del modo más transparente posible.
Creemos además que es momento de dar algunas discusiones sobre actualización curricular. La comunidad educativa debería además comenzar a planificar la inclusión de un uso razonable y pautado de la tecnología en las aulas.
Es necesario además ampliar el alcance del curso de ingreso, para hacerlo tan accesible como sea posible y acercar al Colegio cada vez más en la dirección de la igualdad de oportunidades.
Por último, si bien existe una clara conciencia del valor del patrimonio arquitectónico del Colegio, hay un gigantesco patrimonio cultural, encarnados en revistas, historias y archivo, que sólo ha empezado a rescatarse en años recientes, con la participación activa de la Asamblea de Graduados y de numerosos ex alumnos.
Participación de la comunidad educativa en las decisiones
Cualquier proyecto educativo exitoso depende del esfuerzo y el compromiso de sus docentes y sus estudiantes, y por eso hemos insistido en estos años en la articulación con los distintos organismos representativos, para no perder de vista la experiencia concreta de quienes habitan el Colegio.
Al mismo tiempo, desde nuestro lugar de graduados, hemos establecido contactos con numerosos ex alumnos de distintos lugares del mundo, dedicados a distintas actividades y con distintos aportes para hacer. Muchos de ellos se mostraron dispuestos a poner su tiempo, energía y recursos a disposición de los alumnos del Colegio. A pesar de nuestros esfuerzos, las gestiones del Colegio han sido históricamente reticentes a habilitar la participación de personas y grupos que son vistos como externos a la comunidad educativa.
Nosotros hemos visto la firmeza de los lazos que unen a los ex alumnos con el Colegio. Conocimos muchísimos graduados con un enorme grado de compromiso, dispuestos a colaborar desinteresadamente con el CNBA. Desaprovechar ese potencial es contradictorio con los objetivos de asegurar una formación de excelencia, abrir el Colegio a la comunidad y fortalecer los vínculos de los exalumnos entre sí y con el Colegio
Adopción de prácticas pedagógicas y administrativas basadas en la evidencia
La experiencia de estos ocho años en el CER nos permitió observar que muchas decisiones relevantes son tomadas de modo intuitivo, sin recabar información pertinente ni consultar la información disponible.
Hace tres años propusimos la implementación de un seguimiento estadístico de los estudiantes. La información necesaria está disponible, y solamente hace falta sistematizarla para que sea fácilmente analizable. Esto constituiría un aporte valiosísimo a la discusión sobre las causas de la pérdida de regularidad de los alumnos. Sin esta información, es imposible tomar medidas que atiendan específicamente el problema.
Del mismo modo, el Colegio debería apuntar a un proceso de racionalización administrativa: la unificación de las vicerrectorías, la informatización de multitud de trámites, la accesibilidad de la información pública y la eliminación de trabas burocráticas deberían ser una prioridad para los próximos años.
La Asamblea de Graduados: un espacio abierto
Desde su inicio la Asamblea fue integrada por ex alumnos de diferentes promociones y diferentes corrientes políticas bajo la convicción de que es posible enriquecer la educación pública con creatividad, afecto y dedicación. Seguimos pensando que la educación es una empresa colectiva que requiere estrechar y extender la colaboración entre el Colegio y todos los actores de la comunidad.
Quienes la integramos expresamos nuestro compromiso con el Colegio de muchas maneras que exceden nuestra participación en el Consejo Escolar Resolutivo, y creemos que la participación en él es sólo una de las muchas intervenciones posibles para los graduados comprometidos con el presente y el futuro del Colegio.

La Asamblea de Graduados es un espacio abierto a todos los ex alumnos que compartan la vocación por preservar el legado del Colegio y el compromiso por mejorarlo. Nuestro compromiso con el Colegio se refleja en nuestro trabajo cotidiano dentro y fuera del CER. Todos los ex alumnos interesados en acercarse personalmente o comunicarse con nosotros son bienvenidos a hacerlo, en cualquier momento del año y desde cualquier lugar del mundo.

martes, 15 de septiembre de 2015

viernes, 24 de julio de 2015

CNBA: la creación entre el conflicto y la inercia

Toda institución se sostiene en una cierta construcción de identidad asociada a tradiciones y costumbres, marcas de origen de los órdenes más diversos, ideales explícitos y tácitos, reglamentaciones y legalidades, mecanismos de representación y márgenes de disputa que pueden poseer mayor o menor dinamismo. En el caso de un colegio y, en la particularidad del CNBA, estas características cobran una dimensión problemática.

La identidad “oficial” del Colegio de la patria está, a priori, en estrecha relación con el discurso que sostiene esa denominación. La patria es la patria de la generación del ochenta, del Colegio que funciona como emblema del enciclopedismo decimonónico y de los intereses de las clases dominantes de la Argentina: elitismo, eurocentrismo, latín, griego, francés, premios Nobel y acá se viene a estudiar.  Pero también hay otra identidad: la del Colegio que se quiso transformar a sí mismo, y que la militancia estudiantil a través de las décadas luchó –y lucha- por conseguir.

El Colegio Nacional de Buenos Aires alberga dentro de una misma majestuosidad edilicia un conglomerado de conflictos que hacen difícil la posibilidad de establecer parámetros comunes en cuanto a una posible definición de su naturaleza identitaria. Es cierto que no hay nada más complejo que la determinación de una identidad –cualquiera sea-, y que tratándose de una institución con una historia robusta en materia de intereses en pugna y luchas ideológicas de los más variados signos, la tarea se vuelve prácticamente imposible (más allá de torpes esbozos de significantes como “excelencia académica” o “meritocracia”, por nombrar dos ejemplos ilustrativos que no escapan a su inscripción en ciertas corrientes retórico-ideológicas).

En este sentido resulta innegable que, pese a la dificultad por describir su esencia –suponiendo que la hubiera- o, mejor dicho, por la imposibilidad inherente a esa tarea, la inercia es una característica distintiva de la institución.

La identidad, entonces, se falsea gracias a la inercia -resultado forzado de los conflictos- que produce una unidad artificial y atenuante de la disputa.  

Todo intento de cambio choca contra alguno de los discursos –inconciliables entre sí- sobre lo que es el CNBA, de modo tal que si para una postura A una determinada propuesta está en sintonía con los principios del Colegio, para B será una traición a las premisas estructurantes del mismo. Ante esa situación, una burocracia sólida se abocará a hacer que dicha propuesta (inevitablemente conflictiva) termine reducida a papeles archivados en el fondo de los cajones del olvido, de modo tal que todo continúe inalterado.

La inercia, se dirá con razón, tiene su aspecto “útil” y su reverso indeseable: por un lado, permite una relativa atenuación del conflicto mediante su permanencia en un estado de equilibrio inestable, mientras que obstaculiza toda solución a los problemas existentes. Dichos problemas, vale la aclaración,  se reconocen desde todos los sectores: la cantidad de alumnos libres, la necesidad de pensar nuevas estrategias pedagógicas, la reforma de los planes de estudio, etc.

La negación de todo tipo de transformación profunda por el peso inercial del status quo es un problema estructural del Colegio que, a juicio de quienes escriben, amenaza los intereses de todas las partes involucradas y, fundamentalmente, pone en riesgo la relativa estabilidad que hasta ahora se había logrado mantener.

¿Por qué en el último tiempo la situación se ha vuelto particularmente crítica?

Quizás –no deja de ser una conjetura, pero cómo intentar responder sino a través de ella- porque el CNBA se encuentra frente a conflictos en gran medida inéditos, que requieren de estrategias innovadoras que mediante la inercia burocrática y política (y decimos política porque la burocracia responde a una configuración de la dinámica institucional que es eminentemente política e incumbe por igual a estudiantes, docentes y autoridades) resultan imposibles de implementar.

El nivel de consumo de drogas legales e ilegales entre los estudiantes es preocupante, y se inscribe en un contexto cultural donde el exceso y el borramiento de los viejos andamiajes de estructuración simbólica son elementos constitutivos centrales. La falta de contención, la exigencia académica desprovista de toda contemplación de la formación humanística y social, de preocupación por el otro y por el cuidado de uno mismo, hacen que el Colegio reproduzca prácticas vetustas que no dan respuesta al contexto contemporáneo ni a las necesidades específicas de sus estudiantes.

Al mismo tiempo que la salud emocional y física de los alumnos escapa al interés institucional, la tan enarbolada excelencia académica muestra su deterioro en la exuberante cantidad de estudiantes que pierden la regularidad o se llevan materias a las mesas de examen de diciembre y marzo.

Ninguno de los dos grandes discursos mencionados al comienzo supone que este escenario se condice con sus aspiraciones. Podríamos decir que existe una identidad del colegio reprimida que, aparentemente, no es representada por nadie. Sin embargo existe y se hace evidentemente visible para todos, irrumpiendo en esta disputa identitaria explícita.

Es esta identidad incómoda y negada, la que amenaza el equilibrio inestable de carácter inercial que viene resistiendo al tiempo: la identidad degradada desborda un esquema obsoleto que no la puede incluir en ningún discurso existente.

En un marco como el descripto, las tensiones políticas y la problemáticas mudas impiden dar lugar a instancias reales de debate, intercambio y creación conjunta de alternativas La intransigencia alentada por un sentido épico de ciertos sectores dominantes de la militancia estudiantil, junto con la necedad y la indolencia que se desprenden de las actitudes y acciones de las autoridades, configuran un escenario en el que resulta extremadamente compleja la instrumentación de medidas que afecten de lleno las problemáticas actuales.

Somos conscientes de que del breve desarrollo de las encrucijadas mencionadas no se deriva un mecanismo de resolución claro de los conflictos y los problemas urgentes que señala la coyuntura.
En definitiva, nos encontramos en el eterno litigio entre creación, conflicto e inercia, con el agravante de que la inercia no está pudiendo contener los síntomas cada vez más pronunciados de cuestiones relegadas por demasiado tiempo…

Escribimos sobre un colegio y sentimos que estamos escribiendo sobre cuestiones que van mucho más allá de una institución educativa. Se trata, sospechamos, de los conflictos humanos: de la política, del orgullo, de la voluntad de trascendencia, de la rebeldía, de la nostalgia, de la búsqueda. La sombra de lo infranqueable, del límite, de la irreductibilidad de las disputas en su trasfondo más elemental, amenaza con el derrotismo. Pero, también, tomar noción de la complejidad de los problemas es una condición necesaria para vislumbrar transformaciones posibles. La fuerza de lo inercial siempre acecha, y es contra ella donde se despliega el mayor de los desafíos. La pretensión de una solución única y salvadora no deja de ser una fantasía imposible y mesiánica. Sin embargo, la renuncia a toda posibilidad de cambio resulta igualmente inconducente.

Compartir estas palabras en su naturaleza intempestiva y sincera es la humilde apuesta a la que nos abocamos. Confiamos en la potencialidad de lo escrito para producir diálogos, interrogantes y compartir anhelos que puedan traducirse en las voces de cambio tan necesarias para emprender los caminos sinuosos del porvenir.

Julián Doberti y Rocío Palacín, julio de 2015